domingo, 9 de noviembre de 2014

El Tajo en bici: el currusco

Justo al salir de Toledo volví a romper otro radio, así que para no perder el día decidí dormir en Talavera de la Reina y arreglar la rueda lo antes posible el lunes. Carreteras llanas y un carril bici para entrar a la ciudad (si todas tuvieran uno...). La tienda era chupiguay, tardaron bastante y encima mal, porque su radio negro no me duró ni una semana. No me costó nada salir de allí, consumo mucha energía entre tanto ruido, además aquí también se me cruzó otro friki traqueotomizado (2/2).

Seguí el rodeo por la preciosísima vía verde de la Jara; la vida cambia cuando no se está pendiente de ser atropellada y se puede ir embobada en los árboles que pasan. Esa tarde llegué a destino a las 3, pero me dio un aire y decidí continuar; 2km después mis ruedas empezaron a soplar y descubrí asombrada que unos cardos habían pinchado hasta siete veces las únicas cámaras que llevaba. Tras una hora al sol conseguí cubrir todo con los cuatro parches que me quedaban. No fui capaz de meterle la presión que necesitaban, pero empujando (+10km) y dejándome caer, buscando sin acierto un río accesible para llenar mis botellas vacías bajo un sol que aún quemaba, llegué ya de noche a Valdelacasa de Tajo. Señoras al fresco, niños a cenar, fuente con Vírgen. Acampé en llano bajo un olivo a las afueras, apenas dormí de la adrenalina, del calor y la humedad. 

Me desperté con las ruedas planas, mala señal, decidí desviarme hasta Navalmoral de la Mata a por recambios. A medio hinchar conseguí llegar hasta Peraleda de San Román. Otra vez la suerte en forma de ciclista veterano me apuntó hacia Luisma, el dueño de la discoteca, mecánico de afición; de vieja en vieja y tiro porque me toca, una mano me llevó hasta la puerta de su casa. Parco en palabras y de naturaleza generosa, el mecánico me arregló el día con el aire de los tractores. Comí en las ruinas romanas de Bohonal, arreglé la bici en Navalmoral y cogí un tren hasta Monfragüe para retomar la ruta al día siguiente. Me equivoqué de giro y volví a encontrarme haciendo 14km de más, a toda velocidad, de NOCHE. Pero ya estaba curtida y otra vez supe que todo tiene solución; por primera vez el sobreesfuerzo lo vi como entrenamiento en vez de cansancio añadido. Fue un día bonito de conversaciones en pueblos; Extremadura y Guadalajara han sido insuperables en eso.

El calor que pasé en Monfragüe sólo lo sé yo. Sin sombras, ni aire, ni visera. Todo el campo vallado. En Talaván llené las botellas en una fuente centenaria y acampé a unos kilómetros del pueblo; qué decir de las estrellas, las vi a puñados en aquellos días de cielos despejados. El día siguiente fue malo, lleno de cuestas y carreteras en mal estado. Pero un alimoche pasó a 5 p**s metros de donde yo estaba comiendo!! Llegué a Alcántara reventada, para encima recorrer 6km más (con casi 200m más de desnivel puñetero), buscando un camping que estaba cerrado. Menos mal que di con Bernardo y se me pasó el mosqueo en su casa rural. Paseo nocturno con olor a naranjas y como nueva.

Café, perrunilla, gente maja... vamos, que volví a salir tarde. Recuerdo Carbajo con cariño, sin razón concreta. Me costó millones dar con un sitio donde acampar (era o saltar vallas o hacerlo en la carretera), así que acabé haciéndolo en un merendero a la salida de Santiago de Alcántara, de cara a un lago, sin luces, ni nubes; no dormí nada, entre el viento y unos chicos de botellón ya de madrugada. A la mañana siguiente tuve que esperar sentada a que hubiera luz suficiente para montarme en la bici. Pasé una zona mágica de niebla y ríos y llegué a Cedillo a mediodía; era sábado y la presa estaba abierta. Un trabajador me dio unos nombres de pueblos que apunté en una hojita y así, y sin cobertura, es como entré en Portugal...

 

 























2 comentarios:

epa! dijo...

Sigo tu viaje calladita, pero hoy no me he podido resistir: ¡has pasado por mi tierra!
Me alegra que hayas encontrado paisajes, gentes, aves y perrunillas que te hagan recordar el paso, y siento los calores, los pinchazos y las malas noches. Pero todo forma parte del viaje, ¿no?
Te sigo con admiración y un poquito de envidia. Espero pronto el próximo capítulo portugués.
Un gran beso
Eva

Raquel dijo...

Eva, para el próximo viaje te aviso y ya verás cómo es la cosa más fácil y gratificante del mundo!

Extremadura fue increíble, por la gente, los paisajes, las anécdotas, y por supuesto por los problemas, que sin ellos lo demás no tendría ningún sentido. Se nota que es un sitio especial, tendré que volver!

Otro beso grande para ti,
Raquel