domingo, 2 de marzo de 2014

Cosas que pasan

Triste vida de panadero. Fuente
De vez en cuando me ponen a vender el pan en vez de a hacerlo. No me ilusiona el cambio de oficio, pero no me quejo, son menos horas y más descansadas. Y encima, me entero de todo, estoy en medio del tinglao, veo las caras, los nombres, los acentos, las sonrisas y los caretos largos de ricachones jubilados; todo. Cuando estoy dentro veo sólo pan, "tu fais les baguettes, tu deviens baguette" que suele decir el jefe. 

En un día hay miles de micro-historias que pasan delante de mi mostrador: la mujer del pescador que se presenta a las 7 a comprar media tonelada de pan "blanco" porque su marido sale en diez minutos a la mar y hay que dar de comer a todas esas bocas hambrientas que van con él; la señoruca que me pide sellos; los muchachos de la criée que salen de trabajar; el paisano al que le pido cambiao y me suelta que no tiene "ni un kopek"; madame M. y su media viennoise todos los días desde hace diez años...

En fin, una se hace una idea más sólida del país donde vive cuando trabaja vendiendo el pan.

1 comentario:

David (S) dijo...

¿Tu jefe no será Bruce Lee? :)
Es bonito también poder ponerle cara al pan que uno hace. La vienoise nunca será ya la misma después de madame M.
Un abrazo desde más al sur.