martes, 26 de febrero de 2013

Una piedra y la punta de un zapato


He vuelto a Rayuela. Leo en cualquier lado, de cualquier manera, a cualquier hora. Devoro las palabras y el vacío entre ellas con intensidad. Intento no mirar el reloj porque me asusta percibir así el tiempo. 

La primera vez que lo cerré me acuerdo de sentir una cierta angustia ante tanta pregunta abierta, ante toda esa búsqueda inútil, todo ese salvajismo razonado. Durante años me dediqué sin más a pasear los agujeros, a sentir el viento a través. Esa esponjosidad de la que habla Oliveira, pero sin logos. 

Esta vez... simplemente no sé qué decir. Sólo sé que no hay nada que en este momento pudiera mostrarme tan de cerca y tan a caraperro la forma extraña que hacen mis agujeros, esa sensación de tanto mirar y acabar por ver algo. La Maga alimento para el alma. El lado de acá y el lado de allá nunca tan reales. El orden decadente y el caos creador. "En fin, literatura".

No hay comentarios: