miércoles, 28 de diciembre de 2011

Por Navidad



La resaca de estas fiestas ha dejado una nueva alma en nuestra casa. Ha venido sin querer, pero ya no hay quien le saque de aquí. Este es su sitio.

Es pequeñito, noble y juguetón. Y cuando no está chupando algo, está dormidín encima de alguna manta, sobre todo si ando cerca tejiendo. Oh, el olor de la lana. Oh, señor.

4 comentarios:

Miolo dijo...

Te lo dije :-)

Raquel dijo...

Sabía que dirías eso. ¡¡Lo sabía!!
Se lo han regalado los amigos a mi hermano. Mi padre dudaba hasta que ha visto que es un angelín. :)

Paula dijo...

Qué monada!jaja si tuviera mascota, el gato sería el animal perfecto. :)

Raquel dijo...

Mola porque son como compañeros de piso, en vez de compañeros de vida; no dependen de nadie (bueno, sí, pero no lo saben).