domingo, 10 de julio de 2011

De París





Le tenía echado el ojo desde el primer momento. Ya era tradición, siempre que paseábamos cerca de Papirum, mirar el escaparate a ver si mi marcapáginas seguía allí. Incluso en algún momento bromeé con la idea de comprarlo, calentarlo al fuego y tatuarme la espiga a carne viva. Ja. Cuando me fui de Barcelona pensé: "pues no pudo ser".

Pero desde hace unos días descansa entre las tapas de Melville. Y yo la miro. Continuamente. El mago me ha vuelto a sorprender. :)

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