domingo, 22 de mayo de 2011

Bebés



La he visto ayer y, aunque se queda a medias con algunas cosas, da bastante que pensar sobre cómo estamos "creciendo" a los niños (que no es lo mismo que dejar crecer). 

Si abstraes las historias urbanas (Tokio y San Francisco) te das cuenta de que son infancias totalmente normales, incluso privilegiadas. Si las comparas con un minuto de las otras dos (Mongolia y Namibia) te tienes que sentar porque si no te caes de culo. Y no me refiero a la diferencia entre jugar con cds y jugar a moler pigmentos, no. Es otra cosa más profunda, es el pertenecer a una tierra y a un grupo, sin artificialismos. Es compartir la existencia desde el minuto 1, no recibirla.

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