jueves, 24 de junio de 2010

San Juan

Sí, por si alguien no se había dado cuenta después de tanto petardo... ayer fue la noche de San Juan. Una vuelta al salvajismo y las creencias populares.



Esta fue la única foto de la hoguera que pude sacar con la Polaroid. Me senté en la arena con el pantalón arremangado y los pies aún mojados. Todo el mundo me miraba como si tuviese un arma de destrucción masiva entre mis manos, así que no la saqué más.


Pero antes de eso yo ya había pasado por el puesto de las sardineras. Música de El Fary y sevillanas cutres entre cajas de sardinas frescas. Señoras que conozco de toda la vida pero de las que no sé ni su nombre. Cuando era más pequeña este pequeño rincón del pueblo se petaba de chavales y de familias. Ayer éramos cuatro gatos.



Unas asan sardinas, otras preparan el vino, otras te alargan la mano con un mendrugo de pan y una sardina gigante encima.



Para chuparse los dedos. Pescado asado con sal y carbón. Yo quiero que me den de comer así todos los días.



Luego aprovechamos el atardecer y subimos a lo alto del pueblo por unas escaleras empedradas. ¡Había que bajar la comida! Las vistas eran espectaculares. Además adiviné porque no había tanta gente abajo: estaban de botellón en la montaña!



Ahora queda que se cumpla el deseo.

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