miércoles, 10 de marzo de 2010

Dokkōdō



El otro día me topé con esto (copio de la dichosa Wikipedia):

"El Dokkōdō («El camino de la soledad», «El camino que se debe seguir solo») fue una obra escrita por Miyamoto Musashi una semana antes de su muerte en 1645. Fue escrito cuando Musashi repartía sus posesiones para prepararse a la muerte y lo dedicó a su discípulo favorito: Terao Magonojo. En dicho documento se expresa una forma de vida estricta, honesta y asceta."

Miyamoto era un grandioso guerrero samurai, además de artista (el dibujo de arriba es suyo), que hasta creó un estilo de lucha con la espada. Por lo visto su "Libro de los Cinco Anillos" todavía se estudia hoy en día como una de las obras maestras de la estrategia. Estos son los preceptos que dejó escritos en el Dokkōdō (el 3, 4 y 14 me parecen cojonudos):
  1. Acepta todo exactamente de la manera que es.
  2. No busques el placer por su propio bien
  3. Bajo ninguna circunstancia, no dependas de un sentimiento parcial.
  4. Piensa ligeramente en ti y profundamente en el mundo.
  5. Mantente separado del deseo a lo largo de toda tu vida.
  6. No te arrepientas de lo que has hecho.
  7. Nunca seas celoso
  8. Nunca te entristezcas por una separación.
  9. El resentimiento y las quejas no son adecuadas ni hacia ti mismo ni hacia otros.
  10. Nunca permitas que te guíe la lujuria o el amor.
  11. No tengas preferencias en ninguna cosa.
  12. Se indiferente hacia en donde vives.
  13. No persigas el probar buena comida.
  14. No te aferres a posesiones que ya no necesites.
  15. No actúes siguiendo costumbres o creencias.
  16. No colecciones armas o practiques con ellas más allá de lo útil.
  17. No temas a la muerte
  18. No busques poseer bienes o feudos en tu vejez.
  19. Respeta a Buda y los dioses sin contar con su ayuda.
  20. Puedes abandonar tu cuerpo pero debes perseverar en el honor.
  21. Nunca te apartes del Camino

    1 comentario:

    Aitor Artaiz dijo...

    Si evitamos el vértigo de las pasiones, si no arriesgamos, si escogemos un lugar del mundo y no arriesgamos... sí quizás seamos más felices, más fríamente felices. Podemos conseguir no sentir, ser indiferentes a todo. Entonces ya estaremos muertos y, por tanto, no podremos morir. Quien pueda renunciar que lo haga. Pero hoy (quizás mañana piense otra cosa) quiero correr hacia el buen tiempo y estrujar las posibilidades. Volar sin miedo a caer.